EL SILENCIO

Imagen de Pezibear en Pixabay

Abro los ojos lentamente como quien teme despertar a una realidad que no es la suya. Percibo un tenue halo de luz que ilumina la sala para permitir ubicarme. La temperatura es agradable y mi cuerpo empieza a relajarse al no detectar peligro. Miro a mi alrededor descubriendo un bello techo de madera y un baile de partículas de polvo flotando juguetonas, cercadas imaginariamente por su propio torrente de luz.

Sigo mirando y escrutando la estancia encontrando nuevos detalles. Sin embargo hay algo más, oculto a mis sentidos, que llena el ambiente y que me sorprende por su sigilosa presencia. Cierro los ojos y respiro profundamente y aparece la respuesta en mi mente, clara y nítida, llena de paz.

El tesoro que me rodea es el silencio, mucho más profundo que la ausencia de sonidos. Intento atraparlo para atesorarlo y usarlo en momentos de turbación, pero mi instinto me indica que no es posible. Oigo mi voz interior que me susurra que simplemente lo disfrute en su forma natural, en todo su esplendor.

Quedo inmóvil con mis brazos abiertos intentando captar esa energía positiva para conseguir transportarme a ese estado desde cualquier situación de este mundo desenfrenado. Un entorno donde el silencio es continuamente aplastado por una mente a la que le aterra quedarse a solas con ella misma, sin estímulos externos.

Disfruta del silencio, es un tesoro a tu alcance.

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